Desde la aparición misma de la hipnosis clínica, la
posibilidad de utilizar ciertos trances específicos como fuente de inspiración
artística derivó en diferentes vertientes y formas de “meditación visionaria”.
Con el paso del tiempo los ejes fundamentales en la
concepción del fenómeno hipnótico fueron mutando. La perspectiva a la que
adherimos desde la experiencia Orilla de Sí Mismo es la
eriksoniana, que indica que todo trance es esencialmente un ejercicio de autohipnosis
en el que el individuo se permite a sí mismo colocarse en un estado mental
orientado preferentemente hacia una realidad interna (de modo prioritario pero
no excluyente de la percepción y respuesta a la realidad externa).
La coordinación de la instancia de trance de la
experiencia corre a cargo de Rogelio Ferreyra, quien facilita a los participantes
la entrada en este espacio mental preciso a través de la técnica de
sofrosis o hipnosis por relajación, hasta la llegada a un estado concreto
de actividad sináptica conocido como “estado alfa”.
El potencial del trance en estado alfa para inducir
imágenes de gran fuerza visual, de complejo contenido simbólico y de profundo
impacto emocional -tanto figurativas como abstractas- lo convierte en un
vehículo extraordinario para la generación de motivos artísticos, sean
plásticos, literarios o de otra naturaleza.
Es característica particularmente significativa de
este tipo de trance, además, la retención permanente de la capacidad del
individuo de cambiar su orientación hacia la realidad interna y externa, sin
perder contacto con ninguna de las dos, lo que le permite comunicarse con su
entorno y narrar la aparición y evolución de estas imágenes de modo simultáneo
a su vivencia.
Adherimos a la línea de exploración de este fenómeno
que surge del Dr. Carl L. Jung, quien plantea la existencia de contenidos y
formatos inherentes, innatos y esencialmente independientes del aprendizaje
individual y cultural en el subconsciente de todos los individuos,
llamados “arquetipos”. Estos contenidos arquetípicos se pueden manifestar
a través de este tipo de estados, y son los que dan forma y contenido a las
imágenes y sensaciones emergentes durante el trance.
El modo propuesto por el Dr. Jung en sus “ejercicios
de imaginación activa” de aprovechar esta toma de contacto con la realidad
interna implica la plasmación, la objetivación de lo vivido en trance en alguna
forma artística sea literaria, musical o plástica.
La manipulación de la imagen contemplada en trance es
lo que permite al sujeto completar el movimiento de apropiarse de lo percibido
y abre el paso a la elaboración efectiva de los contenidos visualizados. Es de
este modo que el individuo puede ir instalando un puente, una vía de
comunicación entre sus áreas conscientes e inconscientes, ampliando
progresivamente el área de consideración y toma de decisiones voluntarias sobre
los procesos que lo atraviesan en la vida cotidiana.
Así es que puede elaborar su realidad interna y
tomar responsabilidad sobre su sentir y hacer.
De las características del trance utilizado, y de la
posibilidad de compartir en tiempo real la experiencia visionaria entre los
asistentes, surge como un objetivo colateral aprovechar la oportunidad de
sondear la consistencia de la premisa de la naturaleza homogénea del
inconsciente colectivo, según lo postulado por Jung, mediante la contrastación
de las experiencias de los participantes a través del relato directo y la
objetivación de la experiencia en una muestra colectiva de arte visual.
Antecedentes de la Experiencia Orilla de Sí Mismo
Leonardo Cavalcante y Rogelio Ferreyra se reúnen en
diversas ocasiones durante el año 2013 a realizar sesiones individuales de
sofrología y psiconáutica diseñadas por Rogelio Ferreyra, de las que surge
parte del material de la exposición “Cuánto dura un segundo” en la muestra
“Galaxia Borges” (Museo de la Lengua, CABA, 2015), y la totalidad del material
de la muestra de artes visuales “Orilla de Sí Mismo” (Galería Allaria –
Nieto, Paraguay 3991, CABA, 2017).
En dicha muestra se realizan talleres colectivos de
sofrosis y visualizaciones inducidas.
De la experiencia resultante surge la intención de
realizar dichos talleres de modo regular, acompañados de talleres donde los
participantes tengan la oportunidad de realizar y compartir obras artísticas
que rindan cuenta de lo vivido.